jueves, 2 de junio de 2016

Estímulo y soledad

Tenemos una gran versatilidad. Podemos transformarnos en muchísimas cosas y un ser originario ha aprendido a comportarse con reflejos incondicionados frente a lo derredor y la circunstancia. Sin embargo, somos seres aún más complejos, pues no carecemos de soledad ni de pensamiento, y en esa fusión reside nuestra mayor libertad. Es allí donde se juega lo que será, donde tenemos la posibilidad, como Odiseo, de pedir a nuestros marineros que nos aten las manos para escuchar a las sirenas. 

La búsqueda del estímulo constante es un gran error, una mentira dirigida a lo propio. La avidez de novedades oculta el ser del ser ahí, diría Heidegger. Ocupar el ocio para ser pensados por la industria cultural es el método de dominación de nuestros días, diría Adorno. 

Huir de la soledad es un error, tanto como ceder lentamente a su abrazo mortal.  

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