viernes, 10 de junio de 2016
jueves, 2 de junio de 2016
Estímulo y soledad
Tenemos una gran versatilidad. Podemos transformarnos en muchísimas cosas y un ser originario ha aprendido a comportarse con reflejos incondicionados frente a lo derredor y la circunstancia. Sin embargo, somos seres aún más complejos, pues no carecemos de soledad ni de pensamiento, y en esa fusión reside nuestra mayor libertad. Es allí donde se juega lo que será, donde tenemos la posibilidad, como Odiseo, de pedir a nuestros marineros que nos aten las manos para escuchar a las sirenas.
La búsqueda del estímulo constante es un gran error, una mentira dirigida a lo propio. La avidez de novedades oculta el ser del ser ahí, diría Heidegger. Ocupar el ocio para ser pensados por la industria cultural es el método de dominación de nuestros días, diría Adorno.
Huir de la soledad es un error, tanto como ceder lentamente a su abrazo mortal.
Deseos dobles
Los deseos dobles son, afortunadamente, aquello que perfora mis vivencias en estos días. Deseos de ser libre, de tomar ese libro que el gusto dicta en el momento más azaroso, tomar la mochila y partir, visitar a un don nadie, ver un espectáculo, caminar por lo urbano. Sin embargo, también deseos de utilidad, de sentirse realizado, de hacerse una fama, de obtener dinero, de sentirse necesitado por los demás.
Deseos dobles son y deseos dobles probablemente persistan, y feliz estoy con ellos. Otro estar sería probablemente trágico. Muchas veces olvidamos esto último. Es necesario tenerlo presente, pues el hombre sin deseos y los deseos cumplidos no son más que oximorones.
Deseos dobles son y deseos dobles probablemente persistan, y feliz estoy con ellos. Otro estar sería probablemente trágico. Muchas veces olvidamos esto último. Es necesario tenerlo presente, pues el hombre sin deseos y los deseos cumplidos no son más que oximorones.
Filosofía y dolor
La filosofía necesita de condiciones empíricas también. Necesita que los trazos que forman habitualidades se quiebren, que lo cotidiano rompa en misterio, y el misterio en sublimidad. Las preguntas fundamentales no surgen de sujetos dioses, sino de la fortuna, de lo aleatorio, de la "contra-causalidad".
Si veo el pasado, las grandes épocas, en determinados lugares, de pensamiento efervescente, no puedo sino sentir una fuerte envidia, una nostalgia de algo no vivido, un deseo de introyectarme en ese fantasioso transcurrir.
Sin embargo, me aqueja la duda del trazo cotidiano. No puedo sino pensar que la filosofía, atada al desgarramiento de lo común, surge mayormente acompañada del dolor y de la tristeza, y es allí cuando el conducirme por las señales del sano camino a la propia morada no me resultan tan penosas.
Si veo el pasado, las grandes épocas, en determinados lugares, de pensamiento efervescente, no puedo sino sentir una fuerte envidia, una nostalgia de algo no vivido, un deseo de introyectarme en ese fantasioso transcurrir.
Sin embargo, me aqueja la duda del trazo cotidiano. No puedo sino pensar que la filosofía, atada al desgarramiento de lo común, surge mayormente acompañada del dolor y de la tristeza, y es allí cuando el conducirme por las señales del sano camino a la propia morada no me resultan tan penosas.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)