Cuando se trata de lo humano cualquier evento puede producir efectos emocionales imprevisibles. La fuerza de los recuerdos, de la experiencia, de los relatos ajenos, hacen que un simple hecho real, juzgado semejante a los antedecentes (de las consecuencias que a todos nos gustaría evitar y de las cuales los "mitos" pretenden advertirnos), nos genere como mínimo una duda.
En esta cuestión pueden distinguirse dos vías. En primer lugar, se trata de "mitos" y por lo tanto, no de realidades. ¿Pero no pueden ser estos "mitos", externos e internos, -pese a que jamás serán verdades de la ciencia- buenos guías? Puede ser, pero para lo interno el recuerdo es siempre impreso según la conceptualización de aquél momento y es traído al presente bajo la conceptualización presente. De modo que parecería haber suficientes motivos para dudar de si las cosas fueron tal como se recuerdan y si la preocupación bajo la cual el recuerdo fue impreso es la misma que le toca a uno hoy. Respecto de lo externo, ello se forma por las necesidades de los demás, que pueden o no ser las necesidades propias: muchas de las preocupaciones ajenas no me preocupan a mí y viceversa.
En segundo lugar, la semejanza stricto sensu es solo un juicio de nuestra imaginación, y quizás se esté errando en el juicio. Cada situación, cada conjunto de realidades dadas en un espacio tiempo es absoluta e infinitamente diferente de otra. De modo que, aunque la conclusión sea verdadera finalmente, el juicio de semejanza parece no tener demasiada relevancia.
Pero en estos momentos me pregunto: ¿sirve para algo toda esta teorización? ¿no será otra cosa lo importante? ¿las palabras de la conciencia no serán más que engaños destinados a ocultar el verdadero temor? ¿y cuál es ese verdadero temor?
No estoy seguro del temor, pero sé que hay uno porque si no, no habría malestar. Dados los hechos, no hay nada que en sí debería molestarme, ¿entonces qué?
También las palabras que surgen como reproches posibles, para un objetivo difícil de dilucidar, se muestran simplemente patéticas cuando las analizo desde una perspectiva objetiva. No es ese reproche posible, decible, lo que me está molestando.
Quizás allí esté la clave: lo que me molesta es indecible. Me molesta algo que desearía que no me moleste y por eso desearía no decirlo. Me molesta que me moleste... Me molesta que pese a un gran esfuerzo sea tan difícil descubrir qué me molesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario