Se es un opinólogo en sentido peyorativo cuando la disposición a opinar sobre cualquier tema viene acompañada de un sentimiento de conocimiento y certeza. Nada malo hay en opinar y casi todo nuestro lenguaje es opinión. Opinar es expresarse y expresarse es sano. El
quid está en reconocer que lo que se enuncia es opinión,
doxa, y como tal, es falible, relativa y rebatible.
Ahórrese disgustos consigo y con los demás. Poner su persona en una opinión es emocionalmente pírrico. Por su bien: opine, no sentencie.
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