Leer ficción pero ser incapaz de crearla: ese es el estadio presente. ¿O será en realidad todo una gran ficción? Esos escritos jurídicos, los balances contables, el examen de matemática, los análisis de sangre, o la carta al hijo. ¿O será todo real? Aquellos poemas sobre la cama, la película de los escalofríos, la historia del desconocido, el discurso al público, o el ajedrez con el tío. ¿O será que no importa?
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