miércoles, 30 de marzo de 2016

Concentración actual

La concentración se volvió un recuerdo nostálgico. Si no grita el prójimo, grita el objeto. Los celulares gritan, aún cuando no tengan señal. Su presencia invade. Se roban una parte de nuestro mundo, ¿casi? como una persona más.

Tal es su habitar en nuestro mundo que el dejarlos de lado requiere de esa fuerza de voluntad característica de cuando necesitamos despedir de nosotros la pereza física o mental.

No quiero caer en clichés sobre que la tecnología para el ocio nos saca "vida plena" o que no forma parte del mundo sino como una "enfermedad del estar". Sin embargo, esa aparente mediación se roba cierta percepción del gusto y disfrute sobre cualquier actividad. Sea que juguemos ajedrez, aprendamos una lengua, realicemos cálculos matemáticos, tomemos nota.

Usufructuando el vocabulario benjaminiano, la tecnología carece de "aura", de originalidad. Y no importa si la actividad en cuestión es o no mejor realizada con la tecnología que sin. Simplemente tiene otro gusto, gusta y no gusta según el paladar.

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