martes, 24 de noviembre de 2015

Vectores cruzados

A pesar de las intermitencias debo reconocer una constante: siempre me aqueja la duda del camino elegido en lo profesional, y -por extensión- en lo vital. Despertarme en la mañana y nada ocurre, anochecer con angustiosos pensamientos, días en que ocurre lo inverso, días en que me dedico a flotar. Un camino interesante puede no ser un camino emocionante, y un camino emocionante puede no ser un camino feliz, y un camino interesante puede no ser un camino feliz, y yo lo que quiero es el camino feliz, porque, como decía Aristóteles, a diferencia de otros fines vitales, a la felicidad la queremos por ella misma y nunca la queremos para otra cosa.
Siento que dejo mis huellas día a día en el camino que los otros me han barrido, al cual el viento de sus deseos sopla en popa, ese camino en el que el conflicto exterior es casi una creación fantástica; pero siento que en ese camino una parte de mí quedó resignada, y es esa parte que se impulsa a resistirse a ciertos modos: es la parte curiosa, activa, incómoda, deseosa de saber, aburrida de lo inútil, parca para lo inauténtico, la que me empuja a decir "puede que sea lo más tranquilo, pero esto jamás te quitará el sueño, jamás aprenderás esas ideas que te revuelven la idea de idea, que te . . ."
No solo de pan vive el hombre, y tampoco solo de curiosidades. No de algo solamente vive el hombre tampoco, debemos ser equilibrados, la felicidad está en lo nuevo, en lo diverso, y en conservar lo bueno.
Frases hechas, palabras obvias, mandatos repetidos, fracasos prácticos.

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