Hoy, pero al fin y al cabo siempre ocurre, me encontré, indignado, con la noticia de que una personalidad política persiste en actuar de la misma forma que lo viene haciendo desde que se le conoce. No ha traído buenos resultados y, probablemente, ella sepa que no los traerá para quienes tiene la obligación de servir; sin embargo, continúa, y continúa. Es que el futuro sin poder, luego de haber exhalado niveles de suciedad que desbordan lo ocultable, se presenta para ella carente de sentido, en una situación en la que su centro se constituirá en ensayar infinitas defensas a infinitos reproches y seguramente, a fin de cuentas, tenga que pagar por sus conscientes y consentidos errores. En este contexto, en su pusilanimidad, ella continúa por la senda que, aunque con una pequeñísima probabilidad, la pueda llegar a salvar de todo.
Ello genera bronca, malestar, amargura y es una situación que nos excede. A compartir, pues.
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