domingo, 15 de febrero de 2015

Disposiciones

En el fondo del campo práctico de su acción, las personas se dividen en dos clases. Aquellos en los que subyace la convicción de que su libertad determina su ser-en-el-mundo y aquellos que se piensan como frágiles títeres de lo externo llámese destino, azar, coerción social, etc—. Los primeros tienen una sana tendencia a la actividad, al cambio, al optimismo; los segundos, una disposición a la quietud, a la queja, a la envidia.
Acá no se trata cómo las cosas en verdad son. Se trata de qué creencias nos permiten una mejor relación con el entorno y, por ende, con nosotros mismos. Nadie pertenece toda su vida a una clase u a otra y, quizás, el equilibrio sea
 el mejor de los mundos posibles; pero si de pertenecer solo a alguna se trata: yo elijo.

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