domingo, 15 de febrero de 2015

Disposiciones

En el fondo del campo práctico de su acción, las personas se dividen en dos clases. Aquellos en los que subyace la convicción de que su libertad determina su ser-en-el-mundo y aquellos que se piensan como frágiles títeres de lo externo llámese destino, azar, coerción social, etc—. Los primeros tienen una sana tendencia a la actividad, al cambio, al optimismo; los segundos, una disposición a la quietud, a la queja, a la envidia.
Acá no se trata cómo las cosas en verdad son. Se trata de qué creencias nos permiten una mejor relación con el entorno y, por ende, con nosotros mismos. Nadie pertenece toda su vida a una clase u a otra y, quizás, el equilibrio sea
 el mejor de los mundos posibles; pero si de pertenecer solo a alguna se trata: yo elijo.

jueves, 12 de febrero de 2015

Lo que nos excede

¿Qué hacer con lo que nos excede? probablemente sea una pregunta fundamental que, con mayor o menor profundidad, todos ensayamos responder. Nace desde lo más íntimo impulsado por los estímulos más diversos, pero su respuesta busca satisfacer todas sus posibles manifestaciones. La respuesta está en la empatía, no en el encuentro de la verdad definitiva; somos seres gregarios, decía Aristóteles atinadamente, y por ello, aunque no alcancemos dar con un teorema, al menos conseguimos calmar nuestro ánimo gracias a la comunicación; es decir, en el encuentro, en el abrazo de sentimientos compartidos respecto de lo que nos aqueja. 
Hoy, pero al fin y al cabo siempre ocurre, me encontré, indignado, con la noticia de que una personalidad política persiste en actuar de la misma forma que lo viene haciendo desde que se le conoce. No ha traído buenos resultados y, probablemente, ella sepa que no los traerá para quienes tiene la obligación de servir; sin embargo, continúa, y continúa. Es que el futuro sin poder, luego de haber exhalado niveles de suciedad que desbordan lo ocultable, se presenta para ella carente de sentido, en una situación en la que su centro se constituirá en ensayar infinitas defensas a infinitos reproches y seguramente, a fin de cuentas, tenga que pagar por sus conscientes y consentidos errores. En este contexto, en su pusilanimidad, ella continúa por la senda que, aunque con una pequeñísima probabilidad, la pueda llegar a salvar de todo. 
Ello genera bronca, malestar, amargura y es una situación que nos excede. A compartir, pues.