El deseo por esa rara mezcla de previsibilidad y su contrario. Miedo y deseo, deseo y miedo. Quizás el evento irrumpió y es hora de reabrir la mochila lleno de espíritu. Quizás "quizá" sea el disfraz que preparé para no ver el dolor con ojos desnudos. Cada situación es particularísima, me repito, sin embargo, la regularidad empírica, una y otra vez, avisa: siempre que sucedió esto, cayó sal sobre Cartago.
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