miércoles, 19 de julio de 2017

Juventud

Entiendo a Enrique de Ofterdingen y entiendo a Wilhelm Meister, ¿será la mía la peor de las tragedias vitales? ¿una dialéctica irresuelta entre la ilimitación y el pragmatismo? ¿un sendero cuántico de rutas meramente probables y circulares?

Cada amanecer es una nueva proyección, un nuevo proyecto; dudas y certezas intercambian posiciones: la sociabilidad y la soledad, el optimismo y la desesperanza, la virtud y el egoísmo, la trigonometría y la bohème.

 ¿Será por siempre esta juventud?

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