El festejo, aprobación, consentimiento respecto de lo que hacés, más vale que prenda en tu juego interno una señal de alerta, de duda, de curiosidad. Disfrutamos demasiado del elogio, pero el elogio por sí, si no está respaldado por convicción interna, es un simple anestésico que más tarde o más temprano te devuelve a la inevitable pregunta por el sentido, y quizás con más dolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario